Los 40 Principales
Conciertos para Viola hasta mediados del siglo XX
en correspondencia con 40 conciertos emblemáticos para Violín


Vivaldi consolidó el concierto solista para Violín con L’Estro Armonico; Telemann escribió el primer concierto importante para Viola con un carácter más galante.


El italiano Vivaldi consolidó el concierto solista para Violín con Las cuatro estaciones; Johann Christian Bach, formado en Italia, inspiró a Casadesus para crear este emblemático concierto para Viola.


El concierto de Grauel para Viola, escrito en la corte de Berlín, muestra ecos del lenguaje concertante para violín de Bach.


Casadesus escribió un concierto para Viola en el estilo de Haendel, que nació el mismo año (1685) y a 80 km de distancia de J. S. Bach.


Tartini y Rosetti escribieron sendos conciertos en Sol Mayor dentro del estilo galante, el primero galante temprano y el segundo clásico galante.


Pleyel, más joven que Pugnani y al que conoció en Italia, escribió años después un concierto clásico y virtuoso para Viola, mientras Pugnani había escrito uno galante y brillante para Violín con anterioridad.


Haydn escribió su Concerto en Do Mayor para Violín en los inicios de su etapa en Esterházy; Schneider, influido por el estilo clásico de Haydn, escribió décadas después su Concierto también en Do Mayor para Viola en Berlín.


Mozart escribió su Concierto nº 3 para Violín en Salzburgo en 1775, antes de su etapa vienesa; Hoffmeister, editor y amigo de Mozart en Viena, escribió décadas después su Concerto en Re Mayor para Viola, uno de los más emblemáticos para la Viola.


Stamitz, de la escuela de Mannheim, escribió en 1774 un concierto para Viola en Re Mayor; Mozart, cuya música está influida por esa escuela, escribió al año siguiente el suyo para Violín en la misma tonalidad.


Kraus, llamado el “Mozart sueco”, nacido el mismo año y perteneciente a la misma logia masónica en Viena, escribió un concierto virtuoso para Viola hacia 1777; Mozart había escrito el suyo para Violín en La Mayor en 1775.


Viotti y Rolla, ambos italianos de nacimiento, son considerados creadores de la escuela moderna del Violín y de la Viola respectivamente.


Westerhoff y Rode son autores de varios conciertos para sus respectivos instrumentos; con sus dos más representativos llevan el virtuosismo a su escuela: a la alemana en la Viola y a la francesa en el Violín.


Reicha, director de la orquesta de Bonn en la que el joven Beethoven tocaba la Viola, contribuyó a la escuela alemana de la Viola; Kreutzer, receptor de la dedicatoria de la Sonata “Kreutzer” de Beethoven, consolidó la escuela francesa del Violín.


Dos violinistas del norte de Alemania que, en los albores del siglo XIX, escribieron conciertos solistas casi al mismo tiempo: Bliesener para la Viola en Berlín y Spohr para el Violín en el entorno de Brunswick.


Küffner, violinista de corte en Würzburg, escribió un espléndido concierto para Viola; Beethoven, que en su juventud tocó la Viola en la orquesta de Bonn, escribió el gran concierto para Violín.


El mismo Paganini llevó su virtuosismo legendario a los dos instrumentos: el Concerto nº 1 muestra la dificultad extrema del Violín, mientras la Sonata per la Grand Viola exige al violista el mismo nivel de acrobacia técnica y expresividad.


Ghebárt, violinista de la corte de Turín, escribió un concierto para Viola en el primer romanticismo; Mendelssohn, que prefería tocar la Viola en la música de cámara, escribió el gran concierto para Violín que define el romanticismo del instrumento.


Paganini inspiró a Berlioz a escribir Harold en Italia para Viola; el mismo año, el joven Vieuxtemps, que también tocaba la Viola, comenzaba su carrera y acabaría consolidando el virtuosismo romántico en el Violín.


Anzoletti arregló obras de Wieniawski y compartió con él el virtuosismo del siglo XIX: el Concerto nº 1 de Wieniawski y el de Anzoletti para Viola dialogan en la misma tradición técnica y expresiva.


Wieniawski llevó el virtuosismo romántico al Violín; F. Hay, con un concierto “muy virtuoso e impresionante”, lo hizo para la Viola décadas después.


Kreuz y Bruch, dos compositores alemanes del romanticismo tardío, escribieron conciertos virtuosos en tonalidad menor.


Jacob escribió un concierto virtuoso e inglés para la Viola; Bruch, una fantasía virtuosa y escocesa para Violín.


Ni la Sinfonía española de Lalo ni la Suite de Bloch son conciertos al uso: Lalo explora el carácter español en el Violín, mientras Bloch aporta intensidad hebrea a la Viola.


Hubay, violinista húngaro y discípulo de Joachim, escribió uno de los pocos conciertos románticos que hay para Viola; Brahms, en el mismo ámbito austrohúngaro, dedicó a Joachim uno de los grandes conciertos románticos para Violín.


Arends, violinista y discípulo de Tchaikovsky, escribió para Viola el Concertino y Ballada, lo más cercano que hay al gran concierto para Violín de su maestro.


Forsyth, violista inglés que acabó en América, escribió un concierto romántico para Viola; Dvořák, que también tocó la Viola y vivió en América, escribió uno de los grandes conciertos románticos para Violín.


Bowen, organista inglés, escribió un concierto romántico para Viola; Saint-Saëns, organista francés que lo admiraba, escribió uno de los grandes conciertos románticos y virtuosos para Violín.


Bax y Sibelius escribieron sus respectivos conciertos para Viola y Violín impregnados del paisaje y la tradición de sus respectivas culturas de influencia celta y escandinava.


Dos conciertos dedicados a dos grandes solistas de sus respectivos instrumentos en la primera mitad del siglo XX: Elgar a Kreisler para el Violín y Bate a Primrose para la Viola.


Walton escribió primero el Concierto para Viola pensando en Tertis (aunque lo estrenó Hindemith) y después el de Violín para Heifetz, dos obras que consolidan su voz personal.


Szymanowski escribió su Concierto nº 1 para Violín pensando en Kochanski; Vaughan Williams escribió su Suite para Viola dedicada a Tertis, dos obras de carácter no convencional que exploran el color y la expresividad de sus instrumentos.


Milhaud escribió su Concierto nº 1 para Viola para su amigo Hindemith y éste le devolvió la dedicatoria con su Konzertmusik. Prokofiev escribió su Concierto nº 1 para Violín para Kochanski pero la revolución rusa impidió que él lo estrenara.


Milhaud dedicó su 2º concierto a Primrose y Prokofiev dedicó su 2º concierto a Robert Soetens, que se estrenó en Madrid.


Stravinsky estrenó en Berlín su concierto para Violín de estilo neoclásico alejado del romanticismo y Hill estrenó 15 años después en Sídney su concierto para Viola de estilo romántico.


Hindemith y Berg escriben en 1935 sus conciertos “degollador de cisnes” y “a la memoria de un ángel” con contrapuestos pero característicos lenguajes disruptivos.


Dos obras húngaras que destacan por la expresividad que ofrecen a sus respectivos instrumentos, dedicados a Stefi Geyer (Violín) y Pál Lukács (Viola).


Dos conciertos de madurez y gran virtuosismo de Bartók, cumbre en la literatura de ambos instrumentos, estrenados por Székely y Primrose.


Khachaturian y Martinů escribieron dos conciertos neorrománticos de carácter lírico y virtuoso: el primero con influencias armenias y el segundo bohemias.


Korngold y Rózsa, ambos compositores de éxito en Hollywood, escribieron conciertos de carácter romántico y cinematográfico: el primero para Heifetz y el segundo para Zukerman.


Shostakovich escribió su Concierto nº 1 para Violín dedicado a Oistrakh; su alumno Bunin escribió su Concierto para Viola dedicado a Rudolf Barshai, amigo de Shostakovich.